Dia 2. Zauchessen – Venecia – Bérgamo

Hoy nos levantamos en el bello paraje de Zauchessen, tomamos algunas fotos y comenzamos nuestra ruta del día.

Seguimos cruzando los Alpes Autriacos, con la misma belleza, aunque con distinta luz. No tardamos mucho en llegar a Italia. En italia no hay vignette, y eso es malo pues al final pagas más en peajes. Y más en Italia, que está plagado de peajes.

A la 13h llegamos a Venezia y aparcamos el coche en el parking de Tronchetto, nada más cruzar el largo Puente de La Libertad, a la derecha. Este parking es el más barato de Venecia y cuesta 3 € la hora. La única posibilidad más barata es dejando el coche en Mestre, al otro lado del puente, y cruzar en tren. Nosotros por el perro, por el calor, y por no tardar más tiempo por primera vez elegimos la opción cara.

Hacía calor, 32 grados, aunque nada comparable con la primera vez que yo fuí (Higinio). Esa vez había una ola de calor y el termómetro pasaba los 40 y pasear por Venecia era casi insoportable. Ahora, incluso al cruzar por los puentes corría una ligera brisa, y a la sombra no se estaba mal.

Callejeamos unas dos horas y media hasta llegar justo a la isla frente a la famosa Plaza de San Marcos. Para cruzar el principal canal de Venecia, el Canal Grande, tomamos un Tragueto. Un Tragueto es un servicio público del ayuntamiento que cruza el canal principal en varios puntos de la ciudad. Es una góndola con sus típicos gondoleros y tan solo cuesta 50 centimos. Así que si se quiere tomar una góndola en Venezia y no dejarnos un dineral esta es la mejor forma y pocas personas lo saben.

Llegamos así a la Plaza de San Marcos, que estaba abarrotada de gente, nos hicimos unas fotos y seguimos otras dos horas nuestro recorrido hasta el coche, pasando por supuesto por el puente más famoso de Venezia, El Rialto.

Para quién no haya ido, Venezia, es una de las ciudades más peculiares del mundo. Esto es debido a sus cientos de puentes sobre sus canales y sus callecitas estrechas. Es como un gigante laberinto de calles, puentes, canales e islas. Unido todo esto a sus peculiares casas. Es una ciudad mágica, ciudad que todo el mundo debería, y seguro que piensa, algún día visitar.

Por contra, es una ciudad tan famosa, tan mostrada en fotos y películas, y tan idealizada, que a muchos puede defraudar. Si nadie supiera de ella y llegara allí por sorpresa casi seguro que saldría mucho más maravillado. Además, monumentalmente, si comparas Venezia con otras ciudades italianas creo que sale claramente perjudicada. Pero bueno, no se puede tener todo. A parte de esto, como ya se sabe, están los inconvenientes de los problemas de movilidad y aparcamiento, y sobre todo, el problema del coste de la vida que es muy elevado.

De Venezia fuímos directo hasta nuestro destino, Bérgamo. Nos duchamos y visitamos esta ciudad medieval. Es una ciudad pequeña, de 120.000 habitantes, pero muy bonita. Tiene una casco histórico afincado en la parte alta de la ciudad, encerrado por una larga y perfecta muralla. Las calles son de piedras y hay numerosos arcos, monumentos y plazas llenas de historia. En una de sus calles centrales cenamos una pizza y una lasaña que estaban exquisitas. Os lo váis a creer si os decimos que Inma, en vez de darme trozos de más a mí, por primera vez se peleó por coger los más grandes. Lo malo, 2.50 una botellita de agua. Pedimos agua porque la cerveza valía 5 €, es decir, cinco veces más cara que en Praga.

Así que Bérgamo no es una ciudad, quizás, para ir desde España a ver, pero si se pasa por ella no se debe perder la oportunidad de conocerla.